El Diario Geek

Un estudio demuestra que usar el GPS del móvil nos hace todavía más tontos

No sé vosotros, pero lo primero que yo hago cuando voy a un sitio nuevo es no complicarme la vida y usar Google Maps. Las cosas cómo son, es mucho más sencillo llegar a cualquier sitio tirando del GPS del móvil que usando un callejero o mirando los carteles que hay en las esquinas de los edificios. Pues eso, que todos y cada uno de nosotros hacemos, nos está haciendo más tontos (si es que eso es posible, claro).

Y no es algo que yo me inventé, eh. Un estudio publicado por la revista científica Nature demuestra que, en cierto modo, nuestro cerebro “se desactiva” cuando es asistido por un GPS a la hora de tomar decisiones mientras navega. Es como ver Gran Hermano pero sin tener que aguantar a la Esteban, más o menos. Os pongo en contexto.

La culpa la tiene el hipocampo, que es un inútil

Esa cosa azul es el hipocampo, y es el que se encarga de llevarte a casa de tu novia — Imagen de Feel the Brain

Hace unos años, 17 para ser exactos, se publicó un estudio que demostraba que los taxistas de Londres tenían más materia gris en la zona del hipocampo. Esta zona es la que se encarga de todo lo que es navegación y orientación espacial, y claro, los taxistas londinenses, que se tienen que aprender el nombre de 25 mil calles para conseguir la licencia, lo tienen súper desarrollado — por eso son tan caros… — .

Pues este año se ha hecho el siguiente experimento: 24 voluntarios han tenido que navegar por 10 rutas distintas en el Soho de Londres. 5 de estas rutas las hacían ellos de forma manual, sin ayuda ni na’ de na’. En las otras 5 rutas, estos voluntarios estaban ayudados por un navegador GPS, que les decía la dirección. Durante las rutas se les pedía que eligiesen girar a la izquierda, a la derecha o seguir recto.

El estudio demuestra que, cuando navegaban de forma manual, el hipocampo y el córtex prefrontal presentaban una mayor actividad. Una actividad que, por cierto, se incrementaba si las posibilidades de elección aumentaban (si llegabas a un cruce de 7 calles tenías más actividad que en un cruce de 4 calles). Cuando los mismos voluntarios usaban un GPS, todas las opciones se reducían a una, y la actividad cerebral en estas zonas se reducía a niveles mínimos. El cerebro se desactivaba.

Esto es un satélite GPS, y nos hace más tontos si cabe — Imagen de ADSLZone

Según apuntan en el estudio, el hipocampo se encarga de cruzar información sobre las calles para que el córtex prefontral, una vez recabada toda la información posible, tome la decisión de qué dirección tomar. Si el GPS es el que nos dice hacia dónde ir, el hipocampo y el córtex prefrontal se van de cañas, pasan del tema y dejan de hacer su trabajo, lo que a largo plazo reduce nuestra capacidad de orientación. Y así nos va.

Jose García Nieto

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